Malas madres, sí o no

Me pregunto por qué nos sentimos así.

Cuando mis hijos nacieron me pareció imposible conciliar y lo dejé todo para cuidar de ellos.

Y te lo digo y sé que no te va a gustar.

Quizás no fui lo suficientemente valiente o emprendedora.

Tal vez, la dificultad de conciliar mi profesión, la de mi marido, el lugar donde fui a vivir  y el cuidado de mis hijos cambió mis opciones.

O tal vez, todo son escusas.

Porque no quería perderme ni un instante de la vida de ese ser que tenía entre mis brazos.

¿Las conoces?

Leo El Blog del Club de las Malasmadres  y  admiro el trabajo que han hecho a favor de la conciliación.

Sus experiencias, sus consejos y su información son muy valiosos para muchas mujeres.

Si no conoces el blog te adelanto que no son malas madres. Se llaman así en referencia al sentimiento de culpabilidad de tantas madres que, debido a sus trabajos, tienen la sensación de que en muchos momentos no se ocupan de sus hijos como ellas quisieran o como la sociedad cree que ha de ser.

Por suerte, esto está cambiando. Las mujeres son seres humanos, no  heroínas de ficción.

Me sentía rara

Con el tiempo yo también me sentí mala madre.

Trabajar fuera de casa o no, si tienes la posibilidad de elegir, es una opción de vida.

Sin embargo, durante años también me sentía rara quedándome en casa. Recuerdo las miradas de incredulidad de otras madres del momento y los comentarios  cuando una de ellas me preguntaba:

– «Y tú, ¿En que trabajas?»

Y  tenía que contestar que estaba en casa cuidando de mis hijos.

¡Casi nada! No tenía ni un minuto pero era como si tuviese que justificarme a todas horas. Era una «rarita».

 

Soy una más

Yo me convertí en una mala madre cuando mis hijos eran más mayores. Emprendí cuando ya eran adolescentes y, aún y así, recuerdo que me sentía culpable.

Esos días, algo que ahora te debe parecer ridículo, un sentimiento igual al de las malas madres me invadía.

Yo no me he librado nunca de los sentimientos, las dudas y la responsabilidad. Creo que cuando eres madre la percepción de la vida cambia.

Las cosas están  cambiando

Han pasado los años y por suerte se ha avanzado mucho. Se está abriendo un mundo de posibilidades compartidas. Todas somos feministas y reivindicamos los mismos derechos para los hombres y las mujeres.

Las opciones para que una madre continúe trabajando y se convierta en una mala madre son muchas más que antes.

Yo también tuve una mala madre

En los años 60 y 70 también existían  las malas madres, mujeres que luchaban por destacar en su profesión y que sacaban adelante trabajo y familia conciliando.

Yo tengo una madre que trabajaba duro y que se ganó el reconocimiento a lo largo de los años. Siempre estuvo pendiente también de nosotros y somos cinco ¿Te imaginas?

¡Es una gran mujer!

Y fui una mala hija que no entendía que mi madre estuviese tanto tiempo fuera de casa. Hoy ese pensamiento me parece egoísta porque entiendo que las madres que renuncian totalmente a su profesión están muchas veces renunciando a parte de su vida. 

Hoy lo veo en la distancia, la admiro profundamente por lo que hizo, por lo que consiguió y me alegro de que lo hiciese.

Mujeres como ella fueron las que empezaron a abrir el camino en un mundo masculino, las que tuvieron que demostrar que eran igual de válidas.

No las puedo llamar malas madres.

Con ayuda o sin ayuda no es fácil llevar todo a la perfección en tu vida. A veces no se trata de ser hombre o mujer, se trata de hacer sacrificios y valorar lo que tiene más peso en cada momento de tu vida.

Decide libremente

Sin embargo, el amor que sientes por un hijo es tan grande que puede romperte todos los esquemas. A mí me los rompió, no podía imaginar estar lejos de esas «personitas».

Si tienes la oportunidad de seguir tus proyectos, tu trabajo y quieres hacerlo, no lo dejes. Intenta conciliar. ¡No somos malas madres!

Sin embargo, si decides que tu opción es cuidar de tus hijos, tanto si eres hombre como mujer, no dejes que te juzguen. Quererlos  y poder pasar con ellos la mayor parte del tiempo es lo más bonito del mundo.

Esas «personitas» llenan tu vida de momentos maravillosos desde que llegan. Luego crecen, se hacen mayores y se van. Debe ser así.

¿No os parece?

Nos vemos muy pronto.

¡Hola! Soy María H. ¡Gracias por estar aquí!

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