Tu hogar está en tu corazón

Tu hogar está en tu corazoón

Tu hogar está en tu corazón.

Tu hogar lo forman  las emociones que sientes cuando estás en casa y las que te acompañan cuando estás fuera. No es solo un espacio, es un lugar en tu interior.

El lugar dónde viven los sentimientos , las personas que los habitan, la ropa que llevas puesta y la casa en la que vives.

Tu hogar no es sólo un espacio entre paredes.

 

Tu casa 

Necesitamos una casa con la que nos identifiquemos y la buscamos con diferentes expectativas. 

Es el lugar donde vamos a vivir y es importante empezar con sentimiento positivo. Tener en cuenta tus necesidades y tus preferencias es básico.

Recuerdo que cuando buscábamos casa, una de las cosas más importantes para nosotros fue que tuviese mucha luz, que entrase el sol la mayor parte del día. 

¡El sol es tan importante para mí!

Aquellos días, que también los hay, en que te sientes triste, la calidez del sol te devuelve la vida.

El sol es parte de la naturaleza y de nuestro paisaje mediterráneo. 

La luz también es parte esencial en decoración y en uno de mis estilos de decoración favoritos, el estilo escandinavo. Les encanta aprovechar al máximo la luz que entra en las casas y el color que la refleja, el blanco.

Creo que esto es también muy mediterráneo.

Sí, tu hogar está en tu corazón

Sin embargo, cuando piensas en  tu hogar lo que seguro que piensas es en el lugar donde está tu familia.

Las emociones y el amor que compartimos es lo que realmente componen nuestros hogares. Encontrar el espacio ideal es importante. Pero, es mucho más importante la persona o las personas que viven dentro.

Las personas y sus vidas son los verdaderos hogares. Tú hogar lo formarás tú, con tus personas, tus vivencias y  tus emociones.

Así,  el lugar que elijas será tuyo y te lo harás tuyo con cada emoción que sientas.

Los olores familiares, las voces de tus hijos, las risas de los momentos vividos son los que identificas con tu hogar.

Ese lugar en el que te sientes bien cuando te levantas y cuando te vas a dormir.

Mi lugar es  mi casa, mi hogar, al que llego y me aporta paz y el que añoro cuando estoy lejos.

Susanna Cots

El trabajo de  la diseñadora de interiores Susanna Cots  será todo un descubrimiento para las que no la conocéis.

Yo lo descubrí por pura casualidad, en una visita a una clínica dental. Me encantó el espacio, la luminosidad, el uso del blanco por todas partes y con un resultado acogedor.

El diseño y la comodidad lo inundan todo. 

Leyendo sobre sus proyectos descubrí que las emociones y la filosofía slow están en la base de todos sus diseños.

Sin duda, el interiorismo afecta a nuestra calidad de vida.

Susanna dice de sus diseños son «la expresión simple de pensamientos complejos» 

Entiende que el espacio está unido a las emociones y sus diseños siempre las tienen en cuenta.

Tu hogar está en tu corazón

 

Emociones

Es más fácil sentirse bien en un espacio que te acoge y que te llega al corazón. 

Muchos recordamos con nostalgia las casas de nuestra infancia. La casa de nuestra abuela o el lugar donde pasábamos las vacaciones de pequeños.

Olores, canciones, momentos que llenaron de emociones nuestros días y que nos han dejado una huella emocional.

Quizás sean los recuerdos idealizados de un tiempo pasado. Tal vez, el resultado de las emociones vividas que han dejado su huella en nuestro interior.

Sea como sea, son recuerdos de nuestro hogar.

Tú, ¿ qué piensas? ¿Crees que las emociones llenan nuestras casas? O, ¿puedes apartar las emociones del lugar en el que vives?

Yo, no puedo. 

¡Hasta pronto!

 

 

 

 

 

 

 

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Malas madres, sí o no

Me pregunto por qué nos sentimos así.

Cuando mis hijos nacieron me pareció imposible conciliar y lo dejé todo para cuidar de ellos.

Y te lo digo y sé que no te va a gustar.

Quizás no fui lo suficientemente valiente o emprendedora.

Tal vez, la dificultad de conciliar mi profesión, la de mi marido, el lugar donde fui a vivir  y el cuidado de mis hijos cambió mis opciones.

O tal vez, todo son escusas.

Porque no quería perderme ni un instante de la vida de ese ser que tenía entre mis brazos.

¿Las conoces?

Leo El Blog del Club de las Malasmadres  y  admiro el trabajo que han hecho a favor de la conciliación.

Sus experiencias, sus consejos y su información son muy valiosos para muchas mujeres.

Si no conoces el blog te adelanto que no son malas madres. Se llaman así en referencia al sentimiento de culpabilidad de tantas madres que, debido a sus trabajos, tienen la sensación de que en muchos momentos no se ocupan de sus hijos como ellas quisieran o como la sociedad cree que ha de ser.

Por suerte, esto está cambiando. Las mujeres son seres humanos, no  heroínas de ficción.

Me sentía rara

Con el tiempo yo también me sentí mala madre.

Trabajar fuera de casa o no, si tienes la posibilidad de elegir, es una opción de vida.

Sin embargo, durante años también me sentía rara quedándome en casa. Recuerdo las miradas de incredulidad de otras madres del momento y los comentarios  cuando una de ellas me preguntaba:

– «Y tú, ¿En que trabajas?»

Y  tenía que contestar que estaba en casa cuidando de mis hijos.

¡Casi nada! No tenía ni un minuto pero era como si tuviese que justificarme a todas horas. Era una «rarita».

 

Soy una más

Yo me convertí en una mala madre cuando mis hijos eran más mayores. Emprendí cuando ya eran adolescentes y, aún y así, recuerdo que me sentía culpable.

Esos días, algo que ahora te debe parecer ridículo, un sentimiento igual al de las malas madres me invadía.

Yo no me he librado nunca de los sentimientos, las dudas y la responsabilidad. Creo que cuando eres madre la percepción de la vida cambia.

Las cosas están  cambiando

Han pasado los años y por suerte se ha avanzado mucho. Se está abriendo un mundo de posibilidades compartidas. Todas somos feministas y reivindicamos los mismos derechos para los hombres y las mujeres.

Las opciones para que una madre continúe trabajando y se convierta en una mala madre son muchas más que antes.

Yo también tuve una mala madre

En los años 60 y 70 también existían  las malas madres, mujeres que luchaban por destacar en su profesión y que sacaban adelante trabajo y familia conciliando.

Yo tengo una madre que trabajaba duro y que se ganó el reconocimiento a lo largo de los años. Siempre estuvo pendiente también de nosotros y somos cinco ¿Te imaginas?

¡Es una gran mujer!

Y fui una mala hija que no entendía que mi madre estuviese tanto tiempo fuera de casa. Hoy ese pensamiento me parece egoísta porque entiendo que las madres que renuncian totalmente a su profesión están muchas veces renunciando a parte de su vida. 

Hoy lo veo en la distancia, la admiro profundamente por lo que hizo, por lo que consiguió y me alegro de que lo hiciese.

Mujeres como ella fueron las que empezaron a abrir el camino en un mundo masculino, las que tuvieron que demostrar que eran igual de válidas.

No las puedo llamar malas madres.

Con ayuda o sin ayuda no es fácil llevar todo a la perfección en tu vida. A veces no se trata de ser hombre o mujer, se trata de hacer sacrificios y valorar lo que tiene más peso en cada momento de tu vida.

Decide libremente

Sin embargo, el amor que sientes por un hijo es tan grande que puede romperte todos los esquemas. A mí me los rompió, no podía imaginar estar lejos de esas «personitas».

Si tienes la oportunidad de seguir tus proyectos, tu trabajo y quieres hacerlo, no lo dejes. Intenta conciliar. ¡No somos malas madres!

Sin embargo, si decides que tu opción es cuidar de tus hijos, tanto si eres hombre como mujer, no dejes que te juzguen. Quererlos  y poder pasar con ellos la mayor parte del tiempo es lo más bonito del mundo.

Esas «personitas» llenan tu vida de momentos maravillosos desde que llegan. Luego crecen, se hacen mayores y se van. Debe ser así.

¿No os parece?

Nos vemos muy pronto.

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